Se la pasó toda la tarde mirando hacia el techo, no escuchaba el Lohengrin, en su lugar giraba el All is Dream de Mercury Rev. Se preguntaba si de verdad era como decían sus amigos, un tarado. Porque no era capaz de definirse, no había elegido aún entre ser un cabrón o un pendejo.
Pendejo. Se le cierra la garganta. Recuerda el momento justo en el que se dió cuenta. El estómago se estiró y todo su contenido salió, dándole tiempo apenas de llegar a un lugar apropiado. Antes pudo pedir un beso, un beso de despedida, fue rechazado, por error.
Error. Su pie no dejaba de moverse de arriba hacian abajo al borde de su cama, analizaba la situación, tendría que agradecerla. Una conjunción de momentos únicos, que no buscaba, y que si hubiera buscado nunca hubiera conseguido. Fue una de las obras magnas de la maquinaria del destino. Los engranajes correctos, y pudo descubrir la jodida verdad.
Verdad. Recordó la parábola del baseball, hay que mandar las señales correctas. Otro cigarro. No puedes tratar de enamorarla cuando quieres otra cosa. Y cuando quieres que se enamore no la trates como el cabrón que eres en realidad.
Realidad. Su pensamiento se transladó al perdón, pero era un error, perdonar es una fantasía, una fantasía que quien perdona quiere convertir en realidad. Ojos Cerrados. En la realidad está la mentira, aunque también está el haberse enamorado, con todo.
Todo. Recibió la llamada, gritos, reclamos, cuestionamientos y menos llanto que en ocasiones anteriores, mucho menos, pero aún movió sus entrañas. El sudor de la mano que sujeta el aparato a las dos de la mañana diluye las posibilidades de reintentarlo. Rabia. Dolor. Nostalgia. Melancolía.Tono de marcar. Silencio.
Silencio. En su mente sus amigos le recuerdan que así le tocan las mujeres por que así las quiere, que no puede seguir autodestruyendose así. La música desapareció, al menos de las bocinas. En su mente no:



