Aprendió a correr. Se acostumbró a ser rápido, siempre de los primeros. Después ,comenzaron los tropezones, aprender a levantarse, aprender a perder. Estuvo hasta abajo, estuvo hasta arriba. Se convirtió en una caricatura de si mismo.
VIviendo las carreras con desinterés y esperando no encontrar una cercana le llegó el momento. “LA CARRERA”, aquella en la que tendría que dar todo y poner a prueba todo su potencial, a tener que pisar terreno falso en mucahs ocasiones y librar obstaculos que no había visto. Se ve obligado a olvidar la tentación de dejar la carrera y luchar contra el miedo de enontrar más obstáculos inivisibles. Tiene que luchar contra su paranoia de encontrar más obstáculos donde no los hay. Tiene que aprender a no dejarse llevar por el miedo a la derrota. Apender a disfrutar la carrera, porque lo verdaderamente valioso no es la meta, sino la carrera. Es dolor. Es felicidad. Es miedo. Es orgullo. Es satisfacción. Es vació. Es necesidad. Es tristesa. Es sonrisa.
Finalmente se dió cuenta de que en realidad, todo el tiempo estuvo preparándose para esta carrera. Se sorpendió a darse cuenta que sentía algo que nunca antes había sentido… Que esta carrera sí la quería ganar. Que está era, probablemente, la carrera final. La única que debió correr en toda su vida.




Definitivamente el punto final no es lo importante sino el aprendizaje que te deja el camino.
Por eso no importa que te cuenten el final de una película sino el ver y experimentar todo lo que vienen antes de éste. A menos que sea El Sexto Sentido…
Saludos.